La ciencia de la decadencia humana: Las granjas de cuerpos



Por Carla Pérez Portalés

Todos los seres humanos compartimos el mismo destino después de la muerte: la descomposición.

A menos que tu cuerpo sea congelado, incinerado o, quién sabe cómo, destruido después de la muerte, es inevitable que tanto bacterias, animales o insectos vayan a “reciclar” nuestros cuerpos y a crear nuevas formas de vida a partir de él.

¿Cómo y dónde estudiar lo que pasa entonces?

Desde 1980, y a través del Centro de Antropología Forense de la Universidad de Tennessee, en un vasto campo de 3.500 hectáreas de terreno salpicado de artemisas y cactus, más de 50 cuerpos humanos están esparcidos en distintas etapas de descomposición bajo la supervisión y dirección de Bill Bass, creador de  Anthropological Research Facility, institución concebida como un inmenso laboratorio al aire libre donde poder recrear situaciones y escenarios que posteriormente serán analizados, observando la transformación del cuerpo humano en un entorno totalmente controlado. Es la más extensa y conocida de las escasas instalaciones  de este tipo existentes en todo el mundo (la mayoría en Estados Unidos, sin que haya constancia de ellas en Europa aunque sí en India y Australia) y son coloquialmente conocidas como granjas de cuerpos .


En estas instalaciones, la investigación está dirigida a comprender el proceso de descomposición y, para ello, los cuerpos son donados y dejados en diversos escenarios (a la intemperie, enterrados u ocultados) con la finalidad de ayudar al estudio de las investigaciones criminológicas. Las granjas de cuerpos también son usadas para la formación de agentes del orden en escenas del crimen, levantamiento de cadáveres y otras habilidades técnicas. También es posible usarlas para recrear una situación concreta a solicitud de investigadores.
¿De dónde vienen los cuerpos y cómo llegan hasta aquí?
Cinco o seis veces al mes, un cadáver nuevo llega a la granja. Algunos provienen de forma involuntaria de oficinas forenses (cadáveres sin identificar ni reclamar) y otros voluntariamente porque han sido expresamente donados con anticipación a su muerte (por ejemplo víctimas o allegados a víctimas que comprenden la importancia de la investigación forense y profesores y personal relacionado con la sanidad que quieren que sus cuerpos se destinen a la enseñanza) y pasan a formar parte de la W.M. Bass Donated Skeletal Collection, con 950 cuerpos y esqueletos donados para la investigación cuyos restos se guardarán mientras pervivan el Centro y la colección.

¿Qué se hace con los cuerpos?

Cuando llegan, se llevan al laboratorio, donde se le toman las medidas, se le extraen muestras de sangre y cabello y se le fotografía. Después, a cada cadáver se le asigna un número de identificación, que reemplaza el nombre de la persona de forma permanente.

A continuación se decide el escenario en el que van a ser depositados. Algunos de ellos se dejan intencionalmente bajo el sol ardiente, entre los pastos de las praderas, mientras que otros se ponen en una arboleda sombría de enebros y robles o son enterrados bajo tierra o bajo una capa de cemento para aprender a usar georadares. La mayoría están protegidos por jaulas de dos metros de alto de metal y otros están totalmente expuestos, para que los investigadores puedan observar los efectos de los buitres a través de las cámaras que tienen colocadas por toda la instalación. Mientras unos están vestidos, otros permanecen desnudos, con el fin de tener más experiencias de investigación.

Para acompañar a la investigación de los estados postmortem, una estación meteorológica registra continuamente la temperatura, la radiación solar, la precipitación y otras medidas, para ser posteriormente considerado junto con los datos que se obtienen de los cadáveres en los diferentes estados de la descomposición.

Incluso en algunos casos se colocan tuberías a través del cuerpo para poder extraer los compuestos que genera un cuerpo en descomposición, con el fin de practicar con un rastreador ideado por uno de los estudiantes de doctorado que es capaz de localizar un cadáver si detecta algunos de los compuestos clave. Al ser una técnica reciente, se está estudiando también si esos compuestos son los mismos a lo largo de los años o van decreciendo para determinar más rápidamente la época de la muerte.

Estos y otros datos pasan a formar parte de The Forensic Anthropology Data Bank, la base de datos antropológica forense (nacida en 1986 por una subvención del Instituto Nacional de Justicia, por la ausencia de datos disponibles para los antropólogos forenses) y establecen parámetros sobre edad, sexo, estatura, antigüedad en la muerte, etc.

En definitiva, un cuerpo humano en descomposición crea un ecosistema tan complejo como bien desarrollado y, sin duda, actualmente poco apreciado por el público en general pero muy estimado por los investigadores.

·        Bibliografía:




Stromberg, J. (2014) “The science of human decay Inside the world's largest body farm“. Disponible en: http://www.vox.com/2014/10/28/7078151/body-farm-texas-freeman-ranch-decay
Documentales recomendados:
National Geographic. Secrets of the body farm. https://www.youtube.com/watch?v=GCyiczAcRBY
Motherboard, The Body Farm. http://www.vice.com/es/video/the-body-farm 


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