¿Arde París?


Fernando Qualytel

Surgen de la nada hombres malditos que siempre se preguntan si todo ha quedado destruido  a una sola voz suya que lo ha ordenado.

Su acción de guerra no puede explicarse desde la lógica de la razón. Su dinámica de terror despiadado es el uso de las armas para matar y destruir, sin piedad ni límite alguno.  No quieren la paz ni el triunfo de la razón.



Ninguna redacción, ninguna palabra de consuelo, ni el mejor de los gestos de condolencia sirven a las víctimas yacentes, cuando un viento metálico de fusiles ha barrido las calles de París.

Con la acción de un solo disparo, unos pocos asesinos  quieren arrancar de la faz de la tierra  los valores y el  progreso de la humanidad. En nuestra defensa, nos queda el sólido parapeto de la democracia y sus libertades, defendido por auténticos soldados y una sociedad  plural y libre.

Alejados de la órbita humana, estos perros de la guerra han sido lanzados contra la libertad enarbolando una falsa bandera, en la pretensión de  confundir y enfrentar  a los hombres y mujeres que profesan cualquier credo religioso en todas las naciones libres. Equivocan su estrategia.

En el arsenal barato de estos soldados de baja fortuna no existe la voluntad de vencer, un arma imbatible que solo atesora el mundo libre.

Nadie caerá en esa burda trampa de enfrentar  a nuestras  distintas religiones y credos, que hace tiempo encontraron en la riqueza de la diversidad cultural, el camino de una convivencia tolerante.

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