Blanco de la Ira


Fernando Qualytel

Con el sueño de la vuelta al colegio de muchos niños y niñas, llega el tiempo de la ilusión y el reencuentro con docentes y estudiantes. Para algunos de estos niños es  el tiempo de volver a una auténtica pesadilla.

El bullying es una realidad que debe explicarse en un diálogo claro y comprensivo para el lenguaje de las víctimas potenciales: Los niños y adolescentes. Los padres deben hablar con sus hijos acerca del acoso escolar.

Ese diálogo es muy importante, porque es un factor protector de primer orden. Es muy posible que su hijo/a esté confundido y no comprenda el entorno hostil que encuentra en su aula. 

También hay que explicar bien claro a los potenciales agresores que la intimidación y el acoso a los compañeros  puede tener graves consecuencias jurídicas.

Los niños y adolescentes agresores suelen tener problemas de autoestima, y acosan a otros para sentirse bien consigo mismos. Incluso los niños que gozan de cierta popularidad y aceptación pueden tener tendencias crueles. Los padres deben evitar y castigar el comportamiento inadecuado de estos niños y adolescentes.

No es bueno para el rendimiento escolar, ni de unos ni de otros. Tampoco para la formación de futuros ciudadanos, que mantendrán esa conducta  violenta y un estilo de vida antisocial cuando sean adultos.

Es importante que los estudiantes informen a un padre o a un adulto de confianza sobre cualquier  caso de intimidación. Los padres deben respaldar a sus hijos si éstos les informan de un caso de intimidación.

No hay que  responder al acoso con violencia. Aunque parece difícil, hay que  resolver esta situación con calma y diálogo. No siempre los niños son propensos a decir que los están intimidando: Son niños y adolescentes, blanco de una ira agresiva que alguien ha creado hacia ellos.

Podemos detectar  que un niño está siendo acosado por ciertos indicios: ropa desgarrada, temor a ir a la escuela, disminución del apetito, pesadillas, llanto o depresión y ansiedad general.


Si descubre que su hijo es objeto de acoso, no quite importancia al asunto. Mantenga una postura firme de intolerancia al acoso. Sostenga conversaciones abiertas con su hijo, en las que pueda enterarse de lo que ocurre en la escuela, con el fin de tomar medidas apropiadas. Su hijo  debe saber que  está dispuesto a ayudarlo y poner fin a la situación: el diálogo como forma de prevención, puede evitar que los niños   se conviertan en blanco de la ira.

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