Los asesinos múltiples no son sólo los asesinos en serie (2ª parte)

Dra. Susana P. García Roversi (Argentina)
Ahora sí entremos juntos en el “mundo especial” de los asesinos en serie. Aunque muchos piensan que este fenómeno es estrictamente temporal y/o geográfico, delimitado casi exclusivamente a los EE.UU., o una especie de síntoma de la “decadencia moral moderna”, existen documentos –los que actualmente llamamos “tabloides” pero que en épocas remotas eran una forma de comunicar las noticias con dibujos– que datan del siglo XV y demuestran lo contrario. Casos como los de Sawney Beane, Gilles de Rais, o Peter Stubbe, se registraron en Europa, entre los siglos XV y XVI. Tampoco es un tema que esté referido exclusivamente a los hombres: la condesa Erzsébeth Báthory, en la Hungría del siglo XVII, Marie de Brinvilliers, en la Francia del siglo XVII y las conocidas envenenadoras de la Época Victoriana en Gran Bretaña son consideradas, también, dentro de la serialidad homicida.
Muchos consideran un dogma que el primer asesino en serie en tiempos modernos, reconocido en el mundo como tal, y con las características típicas que ofrece, es el irresuelto caso de Jack, el Destripador, en el siglo XIX; pero no fue el primero, aunque sí el más “destacado”, quizás, a causa de su corto período de actividad, su desaparición posterior, y también ¿por qué no decirlo? cierto desconocimiento de la real y completa historia del asesinato serial.

Serialidad implica repetición; los homicidios son similares en varios puntos, lo que indica una cierta conducta que el asesino cumple para lograr su objetivo, el cual se encuentra directamente relacionado con sus fantasías, que fue alimentando desde temprana edad. Este comportamiento posee varias aristas: modus operandi (MO); arma utilizada; ritual y/o firma; territorialidad (o no); forma de disposición o descarte de los cuerpos; perfil victimológico, entre otras variantes que fueron las que dieron nacimiento al arte de la perfilación criminal, tal como lo denomina Robert K. Ressler. No obstante es importante realizar algunas aclaraciones previas desmitificadoras con referencia a los asesinos seriales:
Siempre existieron, sólo que no recibían esta denominación en tiempos más remotos; simplemente se los denominaba: “monstruos”, “fieras”, “demonios” y/o “bestias”; cuando algo resulta incomprensible por lo aberrante, se tiende a deshumanizarlo. Además de los altamente conocidos, como Jack el Destripador, ha habido muchos asesinos/as seriales que no adquirieron tal notoriedad, pues no existían los medios de comunicación modernos y sólo constan en algunos documentos muy antiguos (los precitados, Erzsébeth Báthory, Marie de Brinvilliers, entre otros). De la misma manera y en tiempos contemporáneos muchos otros adquirieron renombre, pero, vaya a saber por qué motivo, no son conocidos por el público, especializado o no, sino que sólo son conocidos en forma local (Carl Panzram, Robert Bob Berdella, Georg Grossmann, Robert W. Pickton, entre muchos otros). También es interesante destacar que, con el avance tecnológico –en especial la inmediatez que produjo la apertura mundial de la Internet–, se han conocido casos actuales o anteriores de países de los cuales no se contaba con información por diversos motivos: políticos, culturales o por su lejana ubicación geográfica, como India, China, Rusia –antes, URSS, que incluía a otros países bajo su régimen comunista–, Irán, Sudáfrica y otros países africanos.
Los asesinos seriales no son un producto de los EE.UU.; los considerados más antiguos fueron europeos y, en forma más actual, el fenómeno se ha extendido al resto del mundo.
No hay nada nuevo en cuanto al interés que despierta el fenómeno de los asesinos seriales; la gente siempre sintió atracción y fascinación hacia este tema. A fines del siglo XVIII y principios del XX, había una feroz y truculenta necesidad de noticias de hasta los más espantosos detalles; los juicios y ejecuciones eran verdaderos espectáculos sociales. Actualmente, con la velocidad con que se esparcen las noticias, esta necesidad es satisfecha casi al instante y las 24 horas del día.
Ambos encuentran su punto de unión en la avidez del público por conocer todos detalles –hasta los más escabrosos– de estos crímenes. Algunos expertos señalan que todos los seres humanos tenemos un lado oscuro, lo cual explicaría la sublimación que el público en general realiza ante estos eventos  criminales, que también se demostraría la incesante demanda de películas cada vez más “reales” y sangrientas, libros espeluznantes, las multitudes que asistían a las subastas de los “enseres” de los asesinos seriales más infames y en la notoriedad que adquirieron ciertos criminales, algunos de los cuales se caracterizaron por su crueldad, sadismo y falta absoluta de sentimientos, o sea algunas de las “cualidades” de los psicópatas asesinos.
Por último, me gustaría señalar que, en 1886, se publicó un libro pionero en materia forense llamado Psychopathia sexualis (“Psicopatía sexual”) del distinguido psiquiatra alemán Dr. Richard von Krafft-Ebing, quien fuera reconocido como el más importante neuropsiquiatra de aquellos tiempos. Si bien es un libro muy especializado –y deliberadamente así para evitar que fuera leído en forma indiscriminada–, se lo considera un texto clásico para definir y delimitar las desviaciones sexuales, y el asesino serial masculino posee, en muy alto porcentaje, motivación sexual. Esta obra comprende casi todas las perversiones conocidas desde el “fetichismo del pie” hasta la necrofilia.
Para el estudio más profundo del fenómeno de la serialidad criminal, la parte más interesante de este compendio es la dedicada a los casos notorios de los asesinatos “lujuriosos”. Krafft-Ebing recorre los asesinatos de Andreas Bichel (El Destripador de Bavaria), Jack, el Destripador y Joseph Vacher (El Destripador de Francia) y también casos menos conocidos, pero no menos impactantes: “Abrí su seno y con un cuchillo a través de la carne de su cuerpo. Luego dispuse del cuerpo como un carnicero y lo corté en trozos con un hacha (...) Debo decir que mientras abría el cuerpo, estaba tan codicioso que  temblaba y podría haber cortado un trozo para comérmelo” (Andreas Bichel, tal como es citado). Por lo tanto, estoy en condiciones de afirmar que el precursor trabajo del afamado psiquiatra alemán muestra en forma cruda y descarnada que, aunque el asesinato serial fue la tipología en sí misma siempre estuvo presente entre nosotros.
En la 1ª parte del presente artículo he definido el concepto de un asesino en serie... pero no todos son hombres, actúan en solitario, o son caucásicos. Estas afirmaciones han quedado desactualizadas pues provienen de un documento presentado en el 10º Encuentro Trienal de la International Association of Forensic Sciences, llevado a cabo en Oxford, Inglaterra, en septiembre de 1984, los agentes de la Unidad de Ciencias del Comportamiento del FBI, Robert K. Ressler, John Douglas, junto con los Profs. Ann W. Burgess y Ralph DʾAgostino, lo elaboraron sobre la base del estudio de sólo 36 prisioneros condenados. En dicho documento, realizaron una lista de las que consideraron características generales de estos asesinos, pero con el correr de los años, este informe fue sobrepasado por la realidad más atroz. No todos los asesinos seriales son del biotipo caucásico, auque hay una cierta mayoría; pero los hay asiáticos, afroamericanos, africanos, hispanos o latinos, semitas; tampoco todos son hombres que actúan individualmente (mujeres; parejas hetero y homosexuales; “socios” –partners in crime–; grupos asesinos seriales –ring murderers– y hasta niños y adolescentes/juveniles –prepúberes y púberes–); no todos tuvieron problemas psiquiátricos o deseos suicidas; tampoco su perfil victimológico, en los asesinos hombres, es de sólo mujeres (aunque proporcionalmente bastante mayor). Se trató de un avance muy importante, que dio comienzo a muchos otros, los cuales, con el paso del tiempo, fueron poniendo un cerco, cada vez más ceñido y controlable, para intentar frenar este fenómeno que por momentos pareció ser inacabable, depredador e impune.
 FUENTES: Everitt, David, Human Monsters, Contemporary Books, Chicago, 1993; García Roversi, Susana P., Asesinos Múltiples 2. Asesinos en Serie, Colección “Sin Piedad”, vol. 2, Parte 1ª, Grupo Editorial HS, Buenos Aires, Argentina, 2015; Lane, B. & Gregg, W., The Encyclopedia of Serial Killers, Berkley Books, New York, 1992; Newton, Michael, Encyclopedia of Serial Killers, 2nd. ed., Cherckmark Books, New York, 2006; Ressler, R. & Shachtman, T., Whoever fights Monsters (“El que lucha con monstruos”), St. Martin Paperbacks, New York, 1993; Schechter, Harold, The Serial Killer Files (“Los archivos de los asesinos seriales”), Ballantine Books, New York, 2004.


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